Escapada romántica entre jaras y encinas. Ibahernando, Cáceres

Publicado por María el 23 septiembre 2014

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Parece que el calor sofocante, por fin, va dejando paso a una temperatura más suave. Ahora que ya no nos asfixiamos a las 3 de la tarde, qué mejor opción que visitar esos parajes que en pleno verano no podemos. Este finde nos vamos a la maravillosa Extremadura,  a Ibahernando y a Trujillo, en Cáceres. Nos vamos a mi tierra, y por ello, os daré algunos consejos de los que no se encuentran en las guías de viajes.

A 2 horas y media de Madrid llegamos a Ibahernando, un pueblecito de poco más de 500 habitantes cercano a Trujillo, ciudad de nacimiento de Francisco Pizarro.

Mi consejo es que os alojéis en Ibahernando o en alguno de los pueblecitos cercanos, ya que de esta manera podréis disfrutar del auténtico sabor a pueblo y podréis reservar un día también para ir a Trujillo. En sitios como AirB&B siempre hay ofertas de casas rurales por la zona.

Por tanto, imaginemos que llegamos el viernes por la noche a Ibahernando. Hemos planteado nuestra escapada como algo romántico y, no sólo rural, sino de campo, por tanto la parte “cultural”, esta vez, queda relegada a un segundo plano, y como excusa para otra excursión.

Os recomiendo que para la cena del viernes, si vais a llegar tarde, llevéis algo de picar, pues es lo que tienen los pueblos, que a ciertas horas, “horas tempranas” para los que somos de capital, no encontraréis nada abierto.

Si vais ahora en otoño, el clima aún os permitirá dar un paseo en lo que termina de anochecer y descubrir el pueblo. Es más, incluso si vais en invierno, y no llueve, os recomiendo que lo hagáis… ese olor a chimenea, mezcla de romanticismo y nostalgia, es algo que ya no se encuentra fácilmente.

El sábado toca desayunar churros y porras en Trujillo. Dentro de poco van a reabrir la churrería más famosa de la comarca, la que está en el Parque de la Calle Jacinto Ruiz de Mendoza. Hasta hace poco la llevaban Juan Antonio y su familia, pero el mejor churrero de Cáceres se ha jubilado, y por tanto, ha traspasado el negocio, pese a los lloros y pataletas de todos los parroquianos. Os recomiendo que cojáis una mesita de las de fuera, al solecito de la mañana, y allí saboreéis, sin prisa, hay tiempo para todo, unas buenas porras o unos buenos churros con chocolate.

Tras desayunar, nos  vamos a hacer la compra, nos pilla en frente y no queremos quedarnos sin carne de cerdo ibérico, de lo mejor que vais a probar en vuestras vidas y a un precio más que asequible. El secreto, la flecha y la presa son deliciosos. Si pedís carne picada que os la mezclen en la picadora con una puntita de jamón del que tienen allí. La tienda se llama Iberpro (en Internet sólo vienen reseñas de sus secaderos cercanos pero no de la tienda) y al lado tenéis el supermercado El Árbol, de ésos que te hacen el apaño para un finde y no están mal de precio.

Es hora de regresar, pero no sin antes parar en la fábrica de quesos que hay en la carretera a Ibahernando, justo en la salida de Trujillo y al lado de un Maxi Día (lo sé la ubicación no es muy romántica). El queso fresco es alucinante, al igual que el queso de oveja o el de oveja y cabra (el que por fuera es rojizo y redondito, no muy grande); por algo, como culminación a la Semana Santa, se celebra en Trujillo El Chiviri y su festival de quesos.

Ya estamos listos. Tras muchas risas y muchos” ¡Yo quiero probar eso!” volvemos  a Ibahernando porque ¡nos vamos de picnic romántico!

En los alrededores de Ibahernando hay muchos sitios en los que una pareja puede perderse entre la vegetación con su mantita y su tentempié. El Camino del Arroyo del Tejadillo ofrece, a unos 15 minutos andando, sitios donde sentarse y disfrutar de la comida, la compañía y lo que surja.

Si vais en coche os recomiendo ir a la Ermita de la Virgen de la Jara, en el camino rural que va a Santa Ana. Es mejor que preguntéis, cualquiera de los viveños estará encantado de indicaros, quizá tras curiosear con un  “Y tú, ¿de quién eres?”

Lo bueno de la zona de la Ermita es que podéis hacer barbacoa, ya que tiene un trozo solado, donde no hay peligro. Pasear por entre los árboles de camino a la presa o al pantano es la guinda romántica a este “pasteloso fin de semana”.

Cuando anochece, o cuando lo pide el cuerpo, es hora de volver a casa. Normalmente tras un día de campo, uno suele estar agotado, aunque para los que quieran algo de fiesta, en Trujillo hay varias discotecas y pubs muy recomendables, entre ellos, La Abadía, una discoteca situada frente a una pizzería con horno de leña que bien merece un alto en el camino. Nosotros nos quedamos en el Pueblo y montamos nuestra fiesta para dos.

El domingo aprovechamos para pasear por el pueblo tras un brunch (en el que hemos incluido porras y churros como debe ser)  y así volver a disfrutar de ese olor a chimenea  y ver si alguna de la vecinas vende huevos de sus gallinas… cuando comáis esos huevos veréis qué amarillo más amarillo y qué sabor.

Para terminar os aconsejo que compréis lomo embuchado en la carnicería de Jose (el sábado por la tarde cierra, así que hay que ser rápidos) y deis un paseo por el Camino del Agua (o Camino del Colesterol… podéis imaginar para qué patología es medicinal este paseo). También os recomiendo ir a la Romería de la Virgen de la Jara, en el Puente de mayo, y en Semana Santa ir a ver la Procesión del Silencio, donde se apagan las luces de las casas a medida que la Virgen va pasando.

Ibahernando es uno de mis 2 pueblos (el otro, Pechón) y os aseguro que si me hacéis caso, viviréis un finde inolvidable, donde no veréis a mucha gente y la poca que veáis, buena, buena.

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